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PostHeaderIcon Testimonio de Manuel y Emma

Mi nombre es Manuel, ingeniero Civil, 46 años.

MAnuel y Emma

Provengo de una familia muy pobre y soy el penúltimo de nueve hermanos, mi papá era una persona alcohólica que daba maltrato verbal a mi mamá. Producto de su alcoholismo y otras enfermedades que le aquejaban producidas por el alcohol, mi papá se suicidó, se enveneno un 31 de diciembre, cuando tenía seis años. A raíz de eso, indefenso, al faltar mi padre en muchas ocasiones fui maltratado físicamente por mis hermanos.

 

Conocí a mi esposa en el lugar donde trabajamos, me gusto, nos enamoramos y nos casamos, actualmente tenemos 21 años de matrimonio y hemos procreamos cuatro hijos, tres varones y una niña. Pero cuando me case consideraba el matrimonio como un requisito de la sociedad. No tenía conciencia de lo que era el matrimonio.

Cuando llego la prosperidad con mí trabajo, empezaron a distraerme las cosas que ofrece el mundo, me volví más mentiroso de lo que ya era, mis amigos se incrementaron, les sugería y daba consejos, pero en mi casa era incapaz de dar una sola palabra de ánimo, de dar atención a mi esposa y a mis hijos.

También vinieron nuevos cargos y mejores salarios y esto me hacía sentir muy superior,era autoritario, soberbio, arrogante junto a todo esto se sumaron los juegos de azar en casinos, alcohol, cigarro y sobre todo se incrementaron las andanzas con las amantes.

Cuando me hablaban de Dios yo resistía y me oponía a toda conversación sobre el tema de Dios, mi esposa me invitaba a asistir a la iglesia con mis hijos y yo le decía que dejara de andar creyendo en eso.

Cuando me veo descubierto en adulterio, sumado a las confusiones emocionales y algunas acciones fuertes que tomo mi esposa (restricción policial, no podía acercarme a la casa y ver a mis hijos, estaba incomunicado con ellos y además circulado por la policía), causan en mí desesperación, insomnios que la única forma de dormir era tomar pastillas a cada momento durante la noche, vivía drogado a punto de pastillas para poder conciliar el sueño. Todas estas circunstancias, la soledad, el aislamiento que yo mismo había provocado el sentirme impotente me llevaron a intentar quitarme la vida y a tomar una decisión de consecuencias trágicas, “quise suicidarme”.

Nos invitaron a un encuentro de matrimonios llamado “UNA CITA PARA DOS” llegamos en carros separados, y mientras estaba en la entrada al centro entraron al teléfono un par de llamadas de la amante, tome la decisión de no contestar. A partir de ese momento me dispongo a hacer un cambio en mi vida y en mi matrimonio, cambiando completamente mi estilo de vida.

Me entregue a las manos de Jesús y me abrí totalmente a mi esposa, me dispuse a hablarle con la verdad,decidí no guardarle secretos, deje a la amante y a los amigos que solo me invitaban a andar de parranda en casinos, billares, bares y centros nocturnos y empecé a sembrar confianza en mi esposa, cambié el chip del celular donde tenía registro de las amantes y de los amigos de borracheras, le quite las contraseñas a la computadora, y deje de esconder mi cartera, le sincere mi salario y deje de dar sobornos a la gente con la que trabajaba, deje de inventar trabajos fuera de Managua y me dedique a compartir con mi familia, mi esposa y mis hijos, asistimos a la iglesia juntos, hoy en cada momento de manera individual y en familia estamos orando al Señor dándole gracia por todas las bendiciones que derrama sobre nosotros, por los alimentos, por mi vida, la de mi esposa y la de mis hijos, por el trabajo que me ha dado. .

Ahora somos un matrimonio que pasamos algunos problemas, pero con la ayuda de DIOS los resolvemos y vamos hacia adelante, por cambiar mi actitud y estilo de vida he alcanzado el perdón de mi esposa que fue a la que más herí con mis acciones, alcance el perdón de mi hijo mayor que vivió en carne propia todos nuestros problemas y el perdón de mis hijos menores que con su inocencia se regocijaron al vernos reconciliados.

Yo le falte a Dios, pero EL se encargó de ponerme en el camino correcto. Hoy, con mi esposa tenemos cinco años de estar en el Ministerio Unidos por Siempre “Construyendo Matrimonios Firmes en Cristo” y servimos con mucho AMOR porque sabemos que solo por la misericordia de DIOS estamos aquí.

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Telf. 8927 5528

Emma

Mi nombre es Emma, licenciada en Banca y Finanzas y Abogada, tercera de nueve hermanos y vengo de una familia de padres separados. Mi padre abandonó a mi mamá y hermanos cuando yo tenía 15 años, de esta edad asumí parte de la crianza de mis hermanos pequeños, en mí niñez sufrí maltrato físico y verbal.

Trabajo desde muy joven y me he esforzado por superarme profesionalmente, conocí a mi esposo y llegue al matrimonio con muchas ilusiones de tener la familia que nunca tuve. Empezamos a prosperar en la parte profesional y económica. El dinero nos dio nuevos niveles de vida, esto llevo a mi esposo a cambiar en su comportamiento, se volvió una persona arrogante, prepotente e irrespetuosa, malcriado, sumergido en vicios, le descubro infidelidades, ya que él andaba con las amantes en la calle y en los trabajos sin importarle que yo me diera cuenta. Veo que la familia que yo soñé se transforma en un martirio lleno de heridas, ofensas inseguridades y siento que mi matrimonio está a punto de destruirse.

Nuestros compadres y amigos del “Ministerio Unidos por Siempre” vivieron de cerca todo nuestras tribulaciones y circunstancias producto de los comportamientos de mi esposo.

Yo, al sentirme tan herida y ofendida por el comportamiento de mi esposo inicio trámites de divorcio y romper de una vez mi vínculo matrimonial, y es cuando somos invitados al encuentro “Una cita para dos” después de muchas situaciones decido NO asistir al encuentro, pero después de muchas peticiones de mis hijos, compadres y amigos, acepto participar en la actividad, pero pongo mis condiciones: dormir en camas separadas y que nadie me hablara que tenía que perdonarlo.

Fui al encuentro llena de actitudes negativas. Pero…. En este evento a través de las actividades que se realizan El Señor nos tocó y empezó a restaurar nuestro matrimonio, lo que yo creía destruido empezó a tener vida.

A partir de este día pusimos a Jesús como Dios y Señor nuestro, lo pusimos en el centro de nuestras vidas, en nuestro matrimonio, en nuestra familia y en nuestro hogar y hoy les puedo decir que tenemos una vida diferente, un matrimonio restaurado con hijos felices, un esposo que se dispuso a hacer cambios trascendentales en su vida, sincero, que me ama, que me atiende, que me escucha, que me valora y que me respeta, un padre amoroso con sus hijos, que ora, lee la Palabra de Dios, un hombre fiel que teme ofender a Dios, que se congrega y que sirve al Señor.

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